miércoles, 6 de mayo de 2009

FLORES ARRANCADAS DESDE EL PERONÉ


A Marian Raméntol



Tus poemas son crudos
y pasan por el embudo de mi garganta,
me llenan tus flores arrancadas desde el peroné,
desde el inflamado pulmón
que te respira a la distancia y su no sé
que vacía del metro el esternón
de las aves que caben en tu pecho.

Tus poemas tienen lluvia
en sus cráneos multiplicados,
tienen deudas en los agujeros de sus ventanas
y ciclones de arcilla en sus tan abiertas entrañas
que trazan un curvo horizonte de magma.

Tu mano empuña su palabra
como un puñal en la frente,
como un girasol que atraviesa
el vidrio de la luna tuerta,
alquílame tus sueños
y redondea mis uñas en tu dorso uterino
y arráncame el tallo de la soledad
con puentes incrustados en la piel,
con ríos colgantes y panes
que piden crédito para su duda de harina.



Tu sílaba maldita copula
con el hiato de los entreverados
cinceles que empujan
corceles de fruta,
ligamentos de yegua en la bruma.

Detrás de la puerta
eres una niña que zumba;
recostada en la ventana,
una abeja que escribe
en los pistilos,
y que vuela
a la horca de papeles volados
de ojos morosos con satélites espías
que grabaron la sencillez complicada.

Tus poemas
son paisajes líquidos
con mármoles sombríos
cortezas de árbol en el pubis,
certezas de vida en la boca.

jueves, 30 de abril de 2009

ODA A UNA FORENSE CSI


Tus ojos ultramarinos
han revisado
mis huellas de amapola
en tu cuello
perfecto y níveo,
también mi sudor
dejado en tu espalda
de pétalos asesinos,
es extraña esta muerte
de todos los días
para auscultar el rastro
de tus labios
prendidos de mi camisa
despedazada
por un crimen pasional.

Has abierto
mi cuerpo
con un trazo
de estrella cortejada
y has hurgado mis órganos
que tocan
un océano azul y rojo,
el codiciado húmero
que acarició
su rompimiento
sobre los muros,
su tibia
calentada
para entender
sus andanzas
en la piel de alguna amante.
Tu hipótesis
se acerca a la razón
de una orquídea envenenada,
del atropello de tus pestañas
o de la mordedura de una loba.
Tal vez mi mano
ha tocado
tus besos de archivo
apasionados en mis huellas,
digitales fragancias
de tus cabellos trigales
desde la silla
torturada.

Me esposas
y me preguntas
a que hora
se involucraron mis odas
con tus ojos de estuario
y por que me desnudé
con la medición de tu cintura
y tu suavidad de delfín.

La única respuesta
esta en la calle
un pedazo de hoja escrita, un insecto exánime,
un vello involucrado, un zapato perdido,
un botón roto, una emulsión extraña.
Tal vez tenga entre los dientes
una cutícula tan bella que germinó en ti
y tengas ganas de analizar mi alocada saliva,
allí encontraras un beso y un hasta luego,
un corazón palpitando en tu mano,
una temporada en tus seductoras miradas.

domingo, 8 de marzo de 2009

TÚ LE TENÍAS MIEDO A LA LLUVIA




Tú le tenías miedo a la lluvia
y yo la quería en mi piel
porque me recordaba a Aguaytía
cuando penetraba en sus montes
y me perdía entre árboles y maleza
como cuando uno se pierde
entre los vellos púbicos y húmedos
de una mujer que ama tanto,
cuando iba al riachuelo
a remojar los pies
y lavar mis calzoncillos
y caía la lluvia torrencial y lo hacía crecer
en un temible río
que se llevaba ramas y miradas,
sonidos de pájaros que anunciaban las cinco
de la tarde
como cuando te encontré ayer
sonriendo en el terminal junto a tu madre,
tímida como un señuelo para los peces huidizos.

Tú le tenías miedo a la lluvia,
a que te dejara desnuda
y borrará tus azules párpados,
tu blanca melancolía,
y nos refugiamos
para no mojarnos
en una feria de artesanales baratijas
y nos sentamos a beber
como esos caballos sedientos
que abrevan del río
después de haber corrido por los desfiladeros.
Tomamos pisco sour de sediento limón
que dejó espuma de mar en el fondo
de nuestras almas que se encontraban después de tiempo,
tantos meses sin verte
pesados y lentos
que se corrieron de tus labios,
sequías en la boca que dejó el verano
y poemas detrás de tus pies.

Tenías miedo
pero la lluvia era menuda niña
que pedía un poco de amor
y se iba metiendo entre las hendeduras del techo
y tú ibas aplaudiendo
y repitiendo canciones de la Vieja Ola
que te llevaba a sus musicales océanos,
y nos matamos de risa con las ocurrencias
de Pepito Quechua y sus cumbias calentonas
que tenían ají picante en la boca
y un humor lujurioso que desploma.

Yo te miraba así tan delicada como el plumaje
de un ave que esperaba bajo la lluvia
algún cielo despejado,
los ojos de la selva en ti extraviados,
me contaste de tu vida
y yo te conté de la mía
como si camináramos por un campo de alfalfa
y nos tocáramos la mano
sin decir nada más
para contemplar el paisaje
que muy dentro echaba raíces de sauce.


Y andamos el Parque de la Exposición,
tus ojeras eran noches hundidas en una cama de hierba
bajo esta luna acalambrada y pura,
tan diferente cuando sales a pasear
las orillas de Ámbar (pueblo serrano de Lima)
en una noche tan oscura como un amor incomprendido
que se oculta en una madriguera de liebre
y no hay poste de alumbrado público ni tráfico que te perturbe
y alumbre con sus sucias luces,
solo las estrellas tan cerca de uno,
tan cerca de las flores cerradas de los zapallales,
cansadas de perfume y del peso de sus frutos,
tan cerca del río que no se cansaba de zumbar en mis oídos.


Yo te decía que estaba harto de la rutina
que quería escaparme por las rutas de un camino inca
o de un tren que me lleve a lo verde, desconocido y líquido,
cruzar las sierras y los montes y conocer gente sencilla,
entrar a sus casas y salir por sus ojos de bienvenida,
dormir cerca de un lago con el aire frío de las montañas
y entregarme a los brazos de una lugareña insaciable
para que me caliente con la fogata de sus piernas.


Los gansos venían a ti embrujados por tus dulces sonidos
y las danzantes de tijeras hacían malabares infernales,
colores de la sangre y del viento y del cuerpo,
las parejas se exploraban en las bancas,
nucas asediadas y labios asaltados por un beso,
abrazo fuerte muy fuerte como el que tú me das
con tus pechos enormes como nubes rozando esos lunares
o como cetáceos sobre el cielo,

intentaba decirte que te quería
pero solo te decía, solo te decía
que tu le tenías miedo a la lluvia
cuando acariciaba tus hombros
tan limpios como dunas,
tan suaves como la neblina,
tan sensuales como pétalos
consumidos por el agua hirviendo,
hombros que me enardecían por el sur,
no sé si era la lluvia
o era tu piel de ser alado
que me mojaba
bajo la mesa.

domingo, 1 de marzo de 2009

COMPAÑÍA

Una compañía,
una soledad acompañada
que baila
loca
incesante
como una ola de sudor
que baja por la espalda y por las quebradas
perfectas
que he deseado tocar, camino por camino,
una compañía de piernas o de joyas
bajo el bolsillo
o de ladrones ojos
que desvistieron tus pechos de mariposa volada.

Una compañía de hiedras,
de pasos
o de palabras que mueren
apretadas en el hueco de un árbol,
una compañía de sangre y de huesos,
de canciones y de robados besos
desde las llagas que hicieron techo,
cargaron bulto de labios tensos,
insensibles como alas de albatros.
Una compañía
de inseguros,
de paradero que pierde mi abrazo
como un sendero de ortigas,
tu hombro doloroso,
tus ojos que huyen como gacelas,
tus ojos que poseo en madrugadas que nunca llegan,
en rodillas que toman tus caderas de loba amaestrada.

La compañía de una piedra es más sincera,
se puede hacer con ella una sopa para pobres carnes
o tirarla al río para que haga ondas
y se lleve tus recuerdos inundados por un huayco.

Una compañía de nada eres, amor que no es,
amor que sabe a témpano y a orín dulcísimo,
yo, tu acompañante, un perrito faldero
o un bolso de guerrillero (que se quedó sin balas)
o una cartera nueva (llena de perfumes y cosméticos)
que arrojarás al basurero
cuando se haya descosido su pánico sincero.

Una dama de compañía me deja sus uñas, sus tacos y su perfume de nido fresco,
su rostro sudoroso en el vientre, sus interrupciones, sus miedos apretados en la pupila,
su tiempo limitado para el cariño, con fecha de vencimiento y hora de envasado.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

DESNUDO




DESNUDO entre los pájaros voy caminando
con mis músculos torcidos por los malabares
de tanto escapar de las flores carnívoras,
de tanto rascar mis células en los muros,
de tanto verter mi sangre en el pisco y las nubes de ron,
desnudo entre sus tallos y sus pétalos voy tomando de sus mieles,
voy subiendo entre sus espinas como por un edificio abandonado
y lleno de extraña gente que busca una noche
donde escapar del frío y de los ladrones de órganos.

Desnudo entre las fruteras,
ellas me regalan sus mandarinas y yo les robo las manzanas de noche,
camino por las márgenes de las veredas
y recojo poemas con cáscaras y manos gastadas
con sueños embriagados, con prisas modernas
y descartables encuentros,
camino por las orillas del mar
y recojo latas y botellas de plástico,
remojo mis pies y tomo de los peces sus aletas
y busco en el fondo mi yo perdido, mi tal vez amante,
mis genitales al descubierto de un paraíso lleno de abejas
y costillas descubiertas y demacradas.

Camino y la gente se asusta de verme tan extraño a sus negocios,
a sus identidades digitales, a sus vestidos tan limpios como el desierto,
camino entre las lobas y la luna es presurosa de pelos y colmillos
para mi piel tan sola en esta madrugada en que tu lengua recorre mis sonidos
y mis piernas que aún aguantan tus muslos en agitación.
Y un día te vi y tus ojos me consumieron como todas las drogas,
como todas las cosas que pierden la razón, la sinrazón y la duda
Tus ojos me dejaron desnudo
cuando yo era un simple poeta que no tenía más que sus huesos
y su carne allí tomada por los pájaros
y las flores de una perdida jardinera,
con la cabeza hecha de papel
y de versos y de trozo de amor picado,
con el cuello tomado por vampiresas
y por insectos de dulce reputación,
con los hombros rojos de tanto caminar Venus en alguna explosión ,
con los brazos atados a un corazón de pájara inconclusa,
a unas alas dañadas,
con el pecho descubierto con los pulmones
respirando tu aliento, tu ternura ocasional,
con el corazón tratando de romper el tiempo, el hielo, las envolturas,
los designios y los latidos intensos que muerden,
con el abdomen luchando por no ser una loma o un planeta desconocido,
con el estómago plantado en los postes, en los tachos, en las horas
y en los residuos y en los silencios de tantos sin nombre
con el ombligo que apenas ocultó
una familia, una nación , una fruta, una bacteria,
una ilusión permanente y pasajera con boleto a no sé cuántos poemas
con el sexo doblado a la izquierda,
con el sexo que encontró el consuelo de la brisa y de la melancolía,
con los genitales pensando en tomarla apenas cruce el tren
o se quite las ropas, los prejuicios, las rutinas, las ojeras, otros amores
con las piernas tratando de sostenerla en el camino
o nadando en su cuerpo de flor salvaje entre la lluvia,
en su piel llena de uvas y de lirios y de curvas
en sus flagelos, en sus periódicos, en sus andanzas virtuales,
en sus lágrimas,
en sus abrazos reales ,
en su boca por siempre cerrada como un restaurante con deudas,
en su risa abierta como un crepúsculo,
como un vientre excitado con la conciencia.

jueves, 20 de noviembre de 2008

EL POETA


Un poeta está solo en el paradero
esperando no sé qué
ninguna nave lo recoge, nadie lo acoge, nadie le huele
los versos de almíbar o de miel,
tiene anhelos como cualquiera y recibe consejo de los intestinos
compra pan como cualquiera en la esquina izquierda
y vive de servicios no personales como cualquier mortal explotado.

El poeta no se da el lujo
de desperdiciar el poco de comida que le queda
se come hasta las verduras más crudas
y las ansiadas cáscaras cocidas
un poeta no es verde, amarillo ni rojo, es el ansia del ojo
es cielo maduro para los pájaros o tal vez un pájaro frutero tras un membrillo
es pluma de pollo regateado, es remolino de arena de Pachacútec,
Es pampa y vereda quebradiza, es lechuga de tres por un sol
Es girasol de medianoche es amante subversivo y jardinero de espinas.

El poeta no tiene nombre y su libro es de aire o de autopistas virtuales
su amada es la poesía
que nace de la ausencia
y tiene los ojos de una bella insomne
es la soledad que come sus zapatos y sus metáforas.

El poeta vive intensamente cada momento
y muere sin morir de temor
danza con uñas y llagas, con sueños y sonrisas, con tijeras y palabras
borra huracanes, amanece con alegrías y penas, trabaja como mula
ama como un perro en celo, escribe como paloma mensajera y negra.


El poeta tiene flores de mercado, tiene clavos travesados,
tiene cosmopolita la cicatriz del pecho
y construye el día con papeles y con fluidos
y besa vehemente los precipicios de un cuerpo estremecido
los poros encendidos de una costurera, de una soñadora
de una ejecutiva, de una verdulera, de una besadora
y explora sus espaldas sinuosas como cauces
sus cabelleras detenidas no lo han detenido
su amor la llena de ríos y de versos
contra el frágil muro
de una vecina ausente.

jueves, 23 de octubre de 2008

LA BELLA INSOMNE (OJOS DE ROSA)


¿Por qué no duermes mi tierna Ojos de rosa
o es que la noche te tiene en sus caricias indecisas
o eres tú la indecisa de la dulce espina,
qué distancias rozas en tu falda,
qué lejanías aprietas contra el pecho
si sabes que aquí tan cerca mis latidos son impetuosos ríos,
son bandadas, son girasoles, son volcanes para ti?

Por qué no duermes, y sigues de café, ojerosa,
la luna te come la boca,
su luz se posa en tus hombros
y tu espalda duele,
tus ojos no me esperan y son mi peligro, mi quemante delirio,
tus sueños arden en profundidades de dudas desbarrancadas
y yo camino al borde de esos precipicios.

Dónde anda tu amoroso corazón que abraza otra promesa,
para quién guardas la pasión, cuando aquí la flama empieza
en este corazón de tornado, de sangre, de agua, de fuego para ti,
por ahora sólo soy la bruma tras tus pasos cada mañana
y tú estás hecha de pétalos ardientes y de mano amiga,
susurrando en mi venas con tu canto de alondra
y tu extraña luz que toma mi nombre pero no nombra.
Por qué no duermes cuando escribo cada sonido del mar,
cada estrella que rompe en los dedos,
por qué no duermes mi amada Ojos de rosa,
ya cierra tus ojitos y enciende tus corolas,
ya cambiarás de capullo apenas tengas la certeza
y sea en ti el parto de las canciones azules
como hijas de tu esperanza
y te broten alas en los ligamentos
y me lleves volando hacia tu felicidad,
escarba en tus sentimientos
y tendrás que escoger
entre la cercanía del intenso almíbar
o esa lejanía hecha de miel con sal,
no te pido nada,
sólo tu abrazo como centro de todo el sol.